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Qué es una prestación y por qué no calza con una hora agendada

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La prestación es la unidad contable de la atención. Tiene código, tiene valor y aparece en la facturación. Quién fija ese valor está en la ley: el artículo 159 del DFL 1 de 2005 entrega el arancel a los Ministerios de Salud y de Hacienda, que lo aprueban a proposición del Fondo Nacional de Salud. La hora en la agenda es otra cosa: un bloque de tiempo con un nombre de servicio que el mesón pueda buscar rápido.

¿Una hora agendada es una prestación?

Un paciente con una orden de quince exámenes de sangre, ¿son quince prestaciones o una?
Quince en el arancel y una en la agenda. Cuál de los dos números entra al denominador es una decisión que hay que tomar por escrito antes de medir nada.
¿Por qué el nombre no calza entre la agenda y el arancel?
Porque los dos catálogos los mantienen equipos distintos con propósitos distintos. La agenda necesita nombres que una persona pueda buscar en segundos; el arancel necesita códigos que el pagador reconozca.
¿Qué pasa cuando la orden viene en texto libre?
Alguien traduce. Ese alguien es quien agenda, con su criterio y su torpedo, y la traducción no queda registrada en ninguna parte del sistema.

Esta ambigüedad es el origen de casi toda discusión de cifras entre un proveedor y un prestador. Antes de mostrar una tasa de cumplimiento hay que fijar si la unidad es la orden, la prestación o la hora, y esa definición vive en cómo lo medimos.

¿Tu arancel y tu agenda hablan idiomas distintos? Mándanos los dos catálogos a pablo@superposition.company.