Comparación

Una unidad de acompañamiento hace el trabajo de más criterio de la institución; su techo es a cuántos pacientes alcanza

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Esta comparación es la más delicada de las cuatro, porque la unidad de acompañamiento suele ser el mejor equipo del edificio. Todo lo que sigue asume eso como punto de partida.

¿Qué hace bien una unidad de acompañamiento?

  • Continuidad. La misma persona sigue el caso completo, y el paciente reconoce la voz que lo llama.
  • Criterio clínico. Sabe cuándo un atraso importa de verdad y cuándo puede esperar dos semanas sin consecuencias.
  • Capacidad de escalar. Puede ir a buscar la hora, llamar al especialista, destrabar el bloqueo de agenda que ningún sistema ve.
  • Confianza institucional. Es gente de la casa, con el nombre de la institución puesto de forma natural.

Ninguna de esas cuatro cosas se automatiza bien, y ninguna institución seria debería intentarlo.

¿Dónde está el techo?

El techo es aritmético. Cada persona sostiene una cartera de tamaño finito, y ese número lo fija el tiempo real que exige cada caso: llamar, esperar respuesta, volver a llamar, coordinar con la agenda, hacer seguimiento después de la atención.

Multiplica esa cartera por el tamaño del equipo y tienes la cobertura total de la unidad. Todo lo que quede afuera de ese número recibe cero contactos, y no aparece en ningún reporte como un cero.

Ese es el punto ciego. Los indicadores de una unidad de acompañamiento se calculan sobre los pacientes que la unidad tomó: cuántos aceptaron, cuántos llegaron, cuántos completaron el tratamiento. El denominador honesto es cuántos pacientes tenían una indicación pendiente ese mes, que es siempre un número bastante más grande.

¿Cómo se elige hoy a quién acompañar?

Rara vez con un criterio explícito. En la práctica entra a la cartera el paciente que se hizo visible: el que pasó por el mostrador, el que llamó, el que le tocó a la persona que tenía un rato libre esa tarde.

El paciente que se fue a la casa con la orden en el bolsillo es invisible para el proceso, y con frecuencia es el que más lo necesita. Cuando la selección la hace el azar del canal, la unidad termina acompañando a los pacientes con más iniciativa propia, que es lo contrario de cerrar una brecha de atención.

¿Cómo se comparan, línea por línea?

DimensiónUnidad de acompañamientoSurface
A cuántos pacientes alcanzaA la cartera que el equipo puede sostener con calidad.A todos los que tengan una indicación pendiente en el período.
Qué tan bien resuelve un caso complejoMejor que cualquier sistema: criterio clínico, memoria del caso y capacidad de destrabar la agenda. Detecta el caso y lo deriva a una persona.
Qué experimenta el pacienteLa misma voz durante todo el proceso, que ya conoce su historia.Contacto bajo la marca de la institución, por el canal que ese paciente responde.
Cómo se elige a quién contactarPor visibilidad: entra el paciente que se hizo notar. Por criterio explícito: plazo clínico, prioridad y estado de la indicación.
Qué dato quedaRegistro fino, sobre los pacientes que la unidad alcanzó a tomar.Indicaciones escritas contra indicaciones cumplidas, sobre el total del período.
Qué pasa cuando sube el volumenLa cartera por persona se estira y la cobertura baja.El tiempo de respuesta no cambia.

¿Qué cambia si la lista llega ordenada?

Surface hace la parte mecánica: leer todas las fichas, encontrar las indicaciones pendientes, ordenarlas por plazo y prioridad, escribir al paciente, ofrecer hora, confirmar y recordar. La mayoría de esos casos se cierra sin que nadie de la unidad los toque.

Lo que llega a la unidad es lo que sobra de ese filtro: el paciente que no responde en ningún canal, el que dice que sí y no llega, el que necesita una decisión clínica antes de que alguien le ofrezca una hora. Esa lista es más corta y más difícil.

La cobertura deja de depender del tamaño de la cartera, y el criterio clínico del equipo se aplica donde cambia el desenlace del paciente.

¿Cuándo no deberías sumar Surface acá?

Si tu población es chica y ya está cubierta entera, no agregues un sistema. Una unidad que alcanza a contactar a todos los pacientes con indicación pendiente no tiene un problema de cobertura, y esto no le sirve.

Tampoco cuando el vínculo es parte del tratamiento. En oncología, salud mental o cuidados paliativos, la relación con la misma persona tiene valor clínico propio, y automatizar el primer contacto ahí resta. Conviene usar Surface en el resto de la institución y dejar ese programa intacto.

Y si la unidad existe en el organigrama pero nadie escribió qué hace, primero escribe el protocolo. Un sistema que ejecuta un protocolo inexistente ejecuta el desorden más rápido.

¿Qué pasa con la unidad?

Se queda entera y con el mismo mandato. Recibe una lista más corta, ordenada por urgencia clínica, con el volumen repetitivo ya resuelto y con cada contacto previo tipificado para que nadie empiece de cero.

El equipo deja de perseguir pacientes y vuelve a hacer acompañamiento clínico, que es para lo que se creó.

Si tienes una unidad de acompañamiento andando y quieres ver qué le llegaría filtrado, escríbenos a pablo@superposition.company.