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En imagenología la orden llega incompleta y el cupo se agenda igual

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¿Cómo se ve realmente la cola de una unidad de imagenología?

Casi nada de lo que agenda imagenología lo indicó imagenología. Las órdenes las escriben traumatología, ginecología, medicina interna, urgencia y los controles de crónicos, y llegan a la unidad como órdenes de examen sueltas: un papel que el paciente guarda, una indicación anotada en la ficha clínica de otro servicio, un PDF adjunto a una interconsulta.

Esa procedencia define el problema. La unidad hereda la redacción de decenas de médicos que no comparten nomenclatura, y buena parte llega como texto libre: el nombre comercial, una abreviatura, la región anatómica escrita a mano. El sistema de agenda busca un servicio del catálogo. La orden ofrece una frase.

Una agenda de imagenología que funciona se ve aburrida: los cupos salen con el protocolo correcto cargado antes de que el paciente llegue y el día se corre poco. Una que no funciona se ve igual de llena y rinde la mitad, con cupos tomados por el examen equivocado, huecos que se abren a las once y una lista de reagendados que nadie cuenta.

¿Por qué la orden dice una cosa y la agenda reserva otra?

El caso limpio es el medio de contraste. Con contraste y sin contraste son dos exámenes distintos en tiempo de equipo, en preparación y en riesgo, y la diferencia suele estar marcada a mano en el papel. El código que abre el cupo es el mismo, así que la unidad reserva antes de saber cuál va a hacer.

La resonancia magnética y la tomografía computada concentran ese defecto porque son los exámenes con mayor dispersión de duración dentro de un mismo código. La ecotomografía mamaria tiene otra versión del mismo problema: suele depender de que exista una mamografía previa dentro de un plazo que fija el centro, y esa condición tampoco viaja en el código.

¿Qué se cae en imagenología que no se cae en la unidad de al lado?

El equipo es el cuello de botella y es indivisible. Un centro tiene un resonador, y ese resonador rinde según cuántos protocolos correctos entren en el día. Cuando el protocolo se corrige con el paciente ya en el box, el examen se alarga y la fila se corre: la unidad pierde el resto de la mañana.

  • Cupos de primera hora que el sistema ofrece y la sede todavía no alcanza a atender.
  • Densitometrías óseas y eco doppler carotídeos que caen al final de la lista del paciente porque el cupo escaso se lo llevó la resonancia.
  • Órdenes que el paciente guardó en el velador porque nadie volvió a preguntar, y que reaparecen meses después vencidas.

El último punto es el que menos se mide y el que más pesa. La orden que nunca entró a la agenda no aparece en ningún reporte: los tableros de imagenología cuentan exámenes realizados y horas perdidas, y una derivación no gestionada no ocupa ninguna de las dos casillas.

¿Cuánta preparación carga el paciente, y por qué termina anotada como inasistencia?

Buena parte de los exámenes de imagen exige algo del paciente antes de llegar: ayuno, un examen de laboratorio vigente, premedicación con horas de anticipación, retirar objetos metálicos, venir acompañado. Cada requisito lo fija el centro que ordena y cambia entre sedes, así que esta página no los publica.

El paciente que no cumple uno de ellos no se atiende, y la hora queda registrada como no-show. La causa aparece bastante antes: la instrucción existía completa en algún documento del centro y llegó tarde, llegó parcial o llegó a un teléfono equivocado. La preparación de examen es un problema de logística de información con días de anticipación, y así está tratado en el análisis de no-show.

El tamaño de la brecha se ve mejor desde afuera. Según la CASEN 2022, el 32,3% de las mujeres chilenas de 50 a 69 años no se había realizado una mamografía en los tres años previos. Ninguna unidad de imagenología ve esa cifra en su propio tablero, porque el denominador está fuera de su sistema.

¿Qué debería medir la unidad para saber si está cumpliendo?

Exámenes realizados por mes no responde la pregunta. La unidad necesita saber qué proporción de las órdenes de imagen que le llegaron terminó en un examen hecho, en qué plazo, y dónde se detuvo el resto.

  1. El denominador: todas las órdenes de imagen emitidas en el período, incluidas las que nunca llegaron a una agenda.
  2. El punto de caída: sin contacto, contactado sin agendar, agendado sin asistir, reagendado sin cerrar.
  3. El tiempo entre la fecha de la orden y el examen realizado, abierto por tipo de examen.
  4. La tasa de cumplimiento comparada contra un grupo de control que siguió el flujo habitual.

Sin el cuarto punto, cualquier mejora se puede atribuir a la estacionalidad. La metodología completa, con el denominador escrito antes de empezar, está en cómo lo medimos.

¿Qué cambia cuando las órdenes se leen y se siguen?

Cambia el momento en que la unidad descubre el problema. Si alguien lee la orden entera antes de ofrecer una hora, el dato de protocolo se resuelve conversando con el paciente, el cupo se abre para el examen correcto y el mesón deja de ser el lugar donde se toman decisiones clínicas.

Cambia también qué entra a la cola. Las órdenes que hoy no llegan a ninguna agenda pasan a ser gestionables: se contacta al paciente, se agenda, o se registra que decidió no hacerse el examen. Las tres son salidas legítimas y las tres se pueden contar.

Nada de esto exige cambiar el sistema de agenda de la unidad. Surface trabaja sobre lo que la institución ya tiene, incluso cuando la integración formal todavía no existe, y ejecuta los protocolos del centro tal como están escritos. Se puede sin API explica el punto de partida real.

Si dirige una unidad de imagenología y quiere saber cuántas órdenes de imagen emitidas el mes pasado no terminaron en un examen, escríbanos a pablo@superposition.company. Le mostramos cómo se arma ese número con los datos que ya tiene.